· El metaanálisis publicado en Nature Sustainability revisó 83 estudios con más de 70 mil personas de 17 países.
Santiago de Chile, febrero 2026.- El cambio climático es un fenómeno global, pero no todos lo perciben como una amenaza cercana. Un reciente metaanálisis publicado en Nature Sustainability -realizado por académicos de la Universidad de Gotemburgo en Suecia- que revisó 83 estudios con más de 70 mil personas de 17 países, reveló un sesgo psicológico clave; el 65 % de los participantes considera que el riesgo del cambio climático es mayor para otros que para sí mismos. Según los investigadores, esta percepción errónea reduce la disposición individual y colectiva a actuar frente al aumento de las temperaturas y la crisis ambiental.
Este sesgo afecta la conducta personal, pero también tiene implicancias directas en las políticas públicas, la toma de decisiones empresariales y el desarrollo de instrumentos como los mercados de carbono. En un contexto donde la reducción y compensación de emisiones será cada vez más relevante, contar con datos confiables y mediciones precisas de los gases de efecto invernadero se vuelve un pilar fundamental para la credibilidad, trazabilidad y efectividad de estos mercados.
“Enfrentar la crisis climática exige ir más allá de las percepciones subjetivas. Sólo a través de la visualización de parámetros claros, medibles y comparables es posible dimensionar el impacto real de las emisiones, diseñar estrategias de mitigación efectivas y generar conciencia transversal. Medir correctamente es también una forma de derribar sesgos, ya que cuando los datos son visibles, el problema deja de ser sólo de otros y se transforma en una responsabilidad compartida”, destaca Carlos Saul, gerente General de AyT.

En este escenario, el monitoreo ambiental cumple un rol estratégico. Tecnologías avanzadas, como los Analizadores de Gases de Efecto Invernadero, permiten obtener información precisa y continua sobre la composición del aire, apoyando tanto la gestión ambiental como el cumplimiento normativo y los compromisos climáticos.
En la discusión sobre cambio climático, la percepción personal suele jugar un rol determinante, pero también engañoso. Las personas tienden a evaluar los impactos ambientales desde su experiencia inmediata, creencias, contexto social o distancia geográfica; lo que muchas veces diluye la urgencia del problema. Frente a este escenario, la medición científica cumple una función esencial, transformar un fenómeno abstracto o considerado ajeno en evidencia concreta, verificable y comparable en el tiempo. “Cuando las emisiones se cuantifican, se vuelven visibles, auditables y, sobre todo, gestionables. Lo que no se mide, simplemente no puede corregirse” agrega Carlos Saul.
Esto es especialmente relevante en un escenario donde los compromisos climáticos, las regulaciones ambientales y los mercados de carbono requieren información robusta y confiable. La medición no sólo respalda políticas públicas y estrategias empresariales, sino que también genera confianza entre los distintos actores involucrados, al basarse en parámetros técnicos y no en interpretaciones individuales.







